dissabte, 22 d’agost del 2009

"Me agradaba la compañía de la mayoría de mis colegas, divididos en partes iguales entre buenos hombres que eran buenos profesores, malos hombres que eran malos profesores, y los personajes grotescos e inadaptados que acaban en la enseñanza y que, con frecuencia, suponen la influencia más educativa que reciben los chicos. Si no hay posibilidad de que un joven tenga un buen profesor, háganlo enfrentarse a un lisiado psicológico o un fracaso exótico; nunca a un profesor malo o aburrido. Ése es el único aspecto en el que las escuelas privadas superan a las públicas: pueden incluir a unos cuantos chalados con cultura en la plantilla sin tener que dar explicaciones."


Robertson Davis: El quinto en discordia

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